Dejar de vivir con el corazón roto

Cuando has aprendido a vivir a medias, terminar una relación es la herida más grande. Y es que cuesta tanto atreverte a amar, que cuando por fin crees que lo haces, vuelves tu mundo a esa persona, y al final, cuando se va, te quedas sin nada. Pero sólo es la confirmación de lo que ya sabías, porque amar a medias, es el camino para regresar a lo que más se teme: la soledad.

Aceptarse a uno mismo no siempre es fácil. Es un largo camino entre las heridas y los cuestionamientos personales. Ser diferente es un don. Todos lo somos. Es lo que nos hace únicos. Pero hay diferencias que incomodan. Formas de ser, de amar, de pensar, de sentir, de creer, que desatan infiernos internos entre los que uno es y lo que los otros esperan. Al final todos tenemos algo que incomoda a otros. Nadie se salva.

Pareciera que vivimos en un mundo donde siempre nos falta y nos sobra algo. Adoptamos la idea de que somos seres incompletos, imperfectos, que requerimos de alguien para poder completarnos y ser felices. Aprendemos a necesitar como adictos. Ahí empieza el caos.

Somos el resultado de muchas dinámicas invisibles. Las herencias familiares. La forma en que se han vivido las historias de amor. Los hijos que se quedan con los padres y descuidan a la pareja. Los hijos que se sienten diferentes y esperan compensar siendo los hijos perfectos, sin conseguirlo. El caos sigue creciendo. Todo se suma.

Los hilos del destino se vean tejiendo y difícilmente podemos descubrirlos solos. Así llegamos al amor. Con los sueños bloqueados y caídos que no supimos defender, con el peso de las familias, con las decisiones que no tomamos, con los errores que no asumimos, con la necedad de esperar que alguien más nos dé lo que no somos capaces de crear. Y ahí nace la esperanza de sentir que por fin alguien nos acepte, nos rescate y nos cambie el destino.

Por necesidad, empezamos a buscar pareja. Elegimos con hambre. Amamos con hambre. Queremos devorar al otro y nos engañamos creyendo que lo damos todo, que amamos como nadie. Pero en realidad sólo estamos intercambiando migajas.

Encontramos a alguien, y con estas dinámicas, el infierno está asegurado. Cuando se juntan dos soledades que no se conocen, ni se saben manejar, comienza el egoísmo. Se espera que el otro sea lo que necesito, que dé lo que la vida no me ha dado. No resulta. No es posible. Llega el sufrimiento. Se acaba. Culpas al otro.

Con el corazón roto y como nadie respalda, buscamos una nueva relación, esperando ignorar el dolor. Sumando historias inconclusas que no sabemos cerrar, ni agradecer. Sin asumir lo que hicimos, lo que omitimos, lo que aportamos. Cada vez damos menos, porque un corazón que se ha roto tantas veces sin saberse curar, no tiene mucho que dar. Y seguimos esperando no sentir.

Nos estamos perdiendo el sabor del dolor y la gratitud. Nos estamos hundiendo en una sociedad llena de corazones rotos sin cura. Nos estamos perdiendo de saber quiénes somos después de las historias que construimos con las personas que elegimos. Pero eso lleva tiempo y responsabilidad. El amor no es de niños. Para amar hay que crecer y no siempre se está dispuesto a hacerlo.

El dolor es un mar lleno de lágrimas que hay que atravesar. No podemos ignorarlo eternamente. Enfrentarlo requiere valor. La vida requiere valor. Valor para dejar de huir y dejar de culpar a otros. Valor para aceptar que solo no puedes. Valor para pedir ayuda, para mirarte por dentro y resolver lo que está pendiente. Valor para sanar. Valor para dejar el pasado atrás. Valor para amarte. Valor para aceptar que quieres amar y que puedes hacerlo a tu manera. Valor para empezar a tomar la responsabilidad y las riendas de tu vida. Valor para ir en busca de tus sueños. Valor para aprender, porque no nacemos valientes, nos hacemos.

 

Consulta individual y de pareja

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Autor: Luis Miguel Tapia Bernal

Terapeuta en Constelaciones Familiares. Máster en Terapia Breve Estratégica.

 
  • febrero 12, 2018
  • blog

2 Responses to “Dejar de vivir con el corazón roto”

  1. Gracias Luis, excelente enseñanza del amor a uno mismo, el dolor y lo importante que es vivir y sanar para continuar el camino con todos los matices.

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  2. Alfonso González Hernández

    Luis, es interesante tu punto de vista, debieras de aclararlo, siento que puedes afectar a personas que no están centradas, como yo leo, están dando pie a que el amor solamente se puede dar si te aceptas a ti mismo y si estás solo, dejando a tu pareja solamente encontrarás el amor…….no creo que sea ésto, es amalgamar con el compañero de vida, buscando mi felicidad, buscando mi amor interno, pero en conjunto, no solo somo seres con amor individual sino también grupal.

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