Amar por necesidad

Gracias R.C. por contarme tus historias y permitirme escribir otro trocito de tu vida

 

Estábamos desesperados por amar e intentamos ser lo que no podíamos. Sentíamos tanta necesidad de estar acompañados, que apresuramos las cosas. El mismo día que nuestros destinos se encontraron, fuimos novios sólo porque buscábamos lo mismo. Era la primera vez que me encontraba con un hombre que buscaba algo más que una compañía efímera con besos fugaces, caricias extrañas, miradas a media noche, personas sin nombre que tocaba y ansiaba que se quedaran un poco más. Eran los tiempos de ocultarse porque la diferencia costaba cara.

No me importó que no me gustaras físicamente. Me ofrecías la posibilidad de un sueño aunque no fuera real. Yo esperaba algo que tú no eras, pero lo trataba de llenar y representar contigo. Sé que yo representé lo mismo en tu historia.

No había pasado ni una semana de haber comenzado, cuando tu vida se cimbró con la pérdida de tu hermano, el pilar de tu familia. Ocupaba casi el lugar de un padre, como suele suceder en tantas familias. Todo se vino abajo para ti. Yo tomé tu mano.

Pasaron los meses y fui descubriendo que teníamos poco en común. Nuestras formas de pensar eran tan distintas y poco compatibles. Pero estabas conmigo y me conformaba con eso. La necesidad puede ser tan fácil de confundir con el amor, por eso muchas veces buscamos no ver la realidad y la preferimos maquillar con una fantasía que se recrea con compañías mediocres que buscan compensar los fantasmas del pasado.

Sólo hacía falta atreverse a mirar para descubrir las representaciones: buscabas en mí a tu hermano. Un amor tan fraterno que es difícil dejar, pero que trastoca y transforma a cualquier pareja. Yo buscaba en ti la aceptación y el saber que no había nada malo en mi forma de amar. Nos unimos tanto ocupando los papeles de otros que se nos hizo costumbre. Me llegué a sentir tan culpable, pero temía perder esa seguridad que anestesiaba y me alejaba de mi.

Con el paso de los años me fui cansando. No podía seguir eternamente llenado un lugar que parecía más una amable compañía que una pareja. Todo terminó una noche en que volví a sentir un deseo tan grande por alguien más. Mi cuerpo despertó y al mirarte supe que no había más. Aún así no me atrevía a terminar. Me angustiaba dejarte solo después de todo lo que habías pasado. Pero mi frialdad debió alertarte, y quien puso el final fuiste tú. Yo me fui.

El primer día después de ti pude respirar. Me sentí extrañamente libre. Cuando te acostumbras a una anestesia, y por fin despiertas, tardas en darte cuenta que la vida es movimiento, que amar es algo más que una simple compañía, o tener sentado a alguien a tu lado. Podíamos pasarnos una vida así, con esa mediocridad emocional de quien se conforma con un destino estable pero amargo, por no ser ni sentir lo que anhela. Pudimos haber olvidado por más tiempo quiénes éramos. Nuestro acto de amor fue dejarnos libres.

No es fácil volver a empezar. Cuando has hecho el eje de tu vida a alguien, debes reencontrarte contigo, saber quién eres después de lo que compartieron. Aprender de todo lo que has experimentado. Nada es en vano. Nada es inútil, sabiéndolo mirar y aprovechar.

Después de ti tuve más claro que quería amar, pero necesitaba un amor de pareja, no vivir por compasión. El tiempo pasó, y aprendí que por sí sólo no cura nada, porque el tiempo lo habitamos y creamos nosotros, porque pueden pasar años y seguir en el mismo lugar, en el mismo dolor, en la misma ansiedad.

Ocupar el lugar de otro siempre se vuelve agotador. Es tratar de llenar un pozo sin fondo que por un tiempo funciona, pero después se vuelve una carga tan pesada, una obligación tan desgastante, y ahí el amor y el deseo se diluyen. Sólo cuando ocupamos el lugar que nos corresponde, podemos tener claro la forma y las acciones para vivir de la manera que esperamos.

Conocerse a uno mismo debería ser una obligación, un trabajo constante, sin estigmas, sin temor a pedir ayuda profesional, para resolver tus asuntos pendientes y despedirte de los fantasmas.

Autor: Luis Miguel Tapia Bernal

Terapeuta en Constelaciones Familiares. Máster en Terapia Breve Estratégica.

 

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