Reconstruirte después del adiós

El adiós fue intempestivo. Aunque todo indicara que podría estar cerca, cuando se quiere continuar y falta valor para dar el paso, se hace todo para no ver las señales que lo anuncian. Así, un día, en medio de la nada, en el momento más inapropiado, el otro te dice que quiere terminar, que no puede más. Tú te rompes por dentro. Casi puedes escuchar el suelo abrirse bajo tus pies y comienzas a caer en el abismo.

Se acabó. Puedes rogar, puedes pedir tiempo, puedes gritar, puedes ofender, puedes sólo irte. Lo único claro es que se acabó, y el otro lo decidió por ti. Duele, y no sabes si es sólo por el adiós o porque no tomaste antes la decisión, porque te sientes profundamente herido y traicionado.

La primera noche es un infierno, te asusta estar sin él, te asusta la soledad, sientes que no podrás hacer lo que él hacía, te duele pensar que no volverás a despertar junto a él, ni escucharás su risa, ni verán películas juntos, ni habrá más reclamos. Lloras, te lamentas, fumas, llamas a tus amigos, el insomnio se vuelve tu compañero y te sientes incómodo en tu propia piel.

El primer día después del adiós te cuesta dar cada paso. Parece que no estás presente y haces todo en automático. Poco a poco llegan las dudas: si hubieras hecho, si hubieras dicho, si hubieras hablado con más calma, si le hubieras reclamado antes, si hubieras callado a tiempo…

A ratos lo culpas de todo, su carácter, sus mentiras, sus palabras ofensivas, lo dual que podía ser, los días que te amaba y los que te alejaba. Empieza el círculo de lamentos y justificaciones, de culpas y remordimientos, que no sabes dónde empiezan ni dónde terminan, y menos aún sabes cómo salir.

Tarde o temprano debes enfrentar y decirlo a todos, a tus amigos para llorar con ellos, a tu familia, el llegar a las fiestas sin él y responder las preguntas incómodas, el cancelar las citas y los planes que tenían juntos. El pedir mesa para uno.

Aceleras el proceso y llega el momento en que deben entregarse las cosas que tienen uno del otro: el cepillo de dientes, la ropa, los muebles. Lo haces frío y mecánico, fingiendo que no te duele. Sintiendo extrañas tus cosas, te vas. Le entregas las suyas y sabes que ya no hay marcha atrás.

Todo te recuerda a él, la ciudad entera que se llenó de momentos, las primeras citas, los primeros besos, la esperanza de hacerlo diferente, los lugares favoritos donde cenaban, donde conociste a sus amigos, donde no paraban de reír, donde le dijiste que lo amabas, donde creíste que era para siempre. También están los lugares donde discutieron por primera vez, donde lo dejaste y te fuiste, donde miró a alguien más, donde supiste que no había vuelta atrás, donde dejaste de escucharlo, donde dejaste de amarlo, donde no tuviste el valor de irte, donde te perdiste a ti mismo.

Hablas de él, piensas en él, tienes mil preguntas sin respuestas. Comienzas a cuestionarte, por qué otra vez, por qué duele tanto, por qué no puedes dejar de estar enojado con él, por qué no te fuiste antes, por qué le permitiste tanto, por qué diste lo peor… y sabes que no quedan muchas opciones, o sigues huyendo como siempre lo has hecho o por primera vez te atreves a trabajar en ti y ponerte al centro.

Sabes que ya has huido demasiado, que cada vez te llenas de más miedo y desconfianza, creyendo que no volverás a amar, que no encontrarás a la persona indicada, sabiendo que es tu sueño vivir una gran historia. Estás harto de ir contra ti, contra lo que eres, lo que sientes, lo buscas, lo que sueñas. Y ahí, inician las ganas de ver lo que está pasando, de abrir las habitaciones cerradas en tu corazón, de enfrentar los escombros y las heridas de tantos años atrás. Sabes que solo no es posible, no te atreves. Por primera vez levantas el teléfono, pides ayuda  y comienzas el viaje interno de sanación, de reconciliación, de entendimiento y cambio, para comenzar a ser dueño de ti y de tu vida, para resolver las historias pendientes.

 

Siempre es buen momento para comenzar a trabajar en ti. Escribe para más información sobre las consultas y los próximos talleres.

Autor: Luis Miguel Tapia Bernal

Terapeuta en Constelaciones Familiares. Máster en Terapia Breve Estratégica.

 
  • mayo 15, 2017
  • blog

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