El dolor de la manipulación

Hace unas semanas descubrí la verdad. No tienes idea de cuanto me dolió. Fue un golpe tan profundo, tanto que llegué a preguntarme si algún día iba a dejar de llorar. Jamás lo hubiera imaginado. Ni siquiera tenía contemplado el tema, pero ahora sé que se había vuelto parte de mi a través de los años.

Hay personas que son conscientes antes, porque se nota el chantaje o la manipulación. La madre que chantajea por su soledad o la edad, el amigo que siempre está enfermo, la pareja que cela, en fin. Aquí no, tu poder radicaba justo en lo oculto.

Todo comenzó con una incomodidad constante. La sensación de estar en pausa, en medio de la confusión. De sentir una opresión tan incómoda como añeja. A simple vista no se nota, tiene que haber un trabajo de conciencia, de fuerza, de reparación, para poder enfrentarlo. Un trabajo real, no sólo frases ni teoría, ni la lectura de un artículo, sino una terapia que realmente acompañe a entender las dinámicas más profundas y no sólo escarbar y recabar información del problema, ahí no está la solución. Si sólo te hace pensar y no actuar, no es el camino. Hay que saber mirar en la justa medida.

El problema es que es más común de lo que se cree y pocas veces se sabe detectar y manejar. Creando dinámicas de codependencia, fragilidad, chantaje y manipulación. Nadie imagina hasta qué punto esos patrones te definen y te atan. Lo que más duele no es sólo su existencia, sino que esté dentro de la propia familia.

Es por esta razón, por la que siempre es más fácil comenzar a trabajar sus efectos, en la pareja, el dinero, la profesión o los amigos. Donde siempre hay algo que lastima, que no llega, que se transforma de manera negativa, porque el patrón se activa y es lo único que has conocido. Uno se convierte en especialista de esperar, tanto que sientes que la vida está pasando frente a ti sin lograr lo que sueñas.

Han sido años de seguirte, de tratar de cuidarte, de salvarte o estar al pendiente de ti, poniendo incluso mi vida en pausa. Duele reconocer que con los años has aprendido a manipular y jugar con toda la familia. A vender tus sueños, a comparar, descalificar y enjuiciar.

La culpa ha sido tu mejor arma. Jamás ha sido frontal, la has ido sembrando con el tiempo, con acciones sutiles que parecen inofensivas, con miradas, con palabras. Pero han creado grandes efectos. Sabes jugar muy bien con el miedo, creando la preocupación que mantiene a todos al tanto de ti y después, como si nada hubiera pasado.

Siempre me importó lo que opinaras de mí. Hemos sido tan unidos, o al menos eso creía. Creía en ese cuidado mutuo, en una preocupación genuina y recíproca. Pero no es así. En realidad, la lealtad ha sido unilateral, porque solo te importas tú, nadie más. Puedes pasar por alto a los demás. Te has convertido en un hoyo negro, que se queja de todo, que lo devora todo a su paso y ni así encuentra la saciedad, la satisfacción, la paz.

No, no eres la única culpable, todos de alguna manera hemos alimentado la dinámica, apoyándola, avalándola o sometiéndonos en un exceso de bondad. No sé qué lo propició. No lo tengo claro. Eso sólo lo sabes tú. Nadie puede hacerse cargo de lo que sólo a ti te toca enfrentar y solucionar.

Justo ahí comienza la responsabilidad en asumir la parte que a cada uno le corresponde para poder dejar de proyectar los fantasmas del interior hacia el exterior y poder cambiar la realidad. No puedo culparte de todo, no soy ni quiero comportarme como víctima. Una víctima siempre será potencialmente peligrosa, porque o causa lástima o termina por lastimar a otros. Ahí no se avanza, sólo se fomenta la destrucción.

Ha sido muy difícil descubrirlo, pero a la vez, el mismo dolor libera. Es como si se rompieran las corazas, las ataduras. Es como salir debajo del agua y por fin poder respirar y flotar. Hay separaciones tan dolorosas como necesarias, empezando por aquellas que llevan a sueños sin sentido, que atan de pies y manos, que detienen la vida.

Autor: Luis Miguel Tapia Bernal

Terapeuta en Constelaciones Familiares. Máster en Terapia Breve Estratégica.

 

 

 

 

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