Defender la soledad

Nos encontramos una tarde de mayo. El calor flotaba en el aire. Las horas pasaron tan rápido, entre caricias, besos e historias, que no sentimos cuando la lluvia intensa refrescó la ciudad. Lo confieso, me sentí muy cómodo contigo. Tu mirada amable, tu sonrisa, tu abrazo. Esa noche no quería irme. Tu dijiste, te vas porque quieres.

Sí, tuve miedo de despertar algo más en mí. Llevo algunos años de buena soledad y soltería. Los he disfrutado como nunca creí. Rompiendo el ciclo de saltar de una relación a otra, que ahora es tan común, queriendo evitar sentir, mientras se espera que el otro solucione y transforme lo que uno mismo no puede. Yo he renunciado a eso. Creo que es demasiada cobardía e irresponsabilidad el entregar miserias, migajas y los residuos de un corazón roto, de sueños colapsados, de metas no cumplidas. No más. Así como se limpia la casa para recibir invitados, hay que tener el corazón al día, para poder recibir nuevas personas.

Pero hay una delgada línea, entre el disfrute de la soledad y el miedo a perder lo ganado. Porque uno desconfía de todo aquello que pueda tirar los sueños que le ha costado construir, como si no fueran lo suficientemente fuertes o seguros.

La historia sigue. Comenzamos a compartir momentos espaciados, con cuidado de no hartar al otro, de no invadirlo. Tu no querías un amor. Yo lo percibía. Siempre he creído que no te gusto lo suficiente y eso me ha mantenido a raya para no mover de más. Aun así compartimos momentos y casi sumamos un año.

Si lo vemos bien, hemos compartido poco tiempo, pero en esencia ha sido sustancioso. Creo que ni te imaginas lo mucho que has aportado a mi vida, las muchas veces que sin saberlo me has curado el miedo ante algunas circunstancias, las cosas que me has llevado a reflexionar, o lo que he descubierto en mí, a través de ti. Disfruto tu sentido del humor tan inteligente que me puede tener horas riéndome, escuchando cómo puedes hacer tan interesante o divertida alguna historia tan cotidiana. Me sorprendo ante lo mucho que te cuesta recibir un regalo, porque la reciprocidad alimenta tu vida.

Esa es parte tu grandeza, la forma en la que haces sentir al otro especial, queriendo que esté cómodo. A veces lo crees un error, tú mismo lo has dicho, y yo me pregunto si a este mundo no le hace falta más de lo que tu posees. En ocasiones pareciera que crees poco en ti, y quisiera que vieras lo que veo, quizá comprenderías lo mucho que te admiro, por el valor que has tenido para construir tu dosis de libertad.

Nos hemos contado a cuentagotas la vida, sin prisa, sin expectativa ni obligación. A veces quiero abrazarte en medio de una película, o besarte sin motivo. Pero me detengo. Me preservo. Te respeto. Dejo que se instalen los pretextos. La nada. Mejor así, me digo y continuo defendiendo mi soledad y soltería.

Autor: Luis Miguel Tapia Bernal

Terapeuta en Constelaciones Familiares. Máster en Terapia Breve Estratégica.

 

One Response to “Defender la soledad”

  1. Josías Emmanuel Cortés

    Está padrísimo!!!
    Atinado como siempre!!!
    Amé este fragmento: “hay una delgada línea, entre el disfrute de la soledad y el miedo a perder lo ganado. Porque uno desconfía de todo aquello que pueda tirar los sueños que le ha costado construir, como si no fueran lo suficientemente fuertes o seguros.”. Y así estamos, inseguros de perder la libertad ganada y entre el querer construir algo padre con alguien! Sin duda nos pones a meditar, reflexionar en ello. Gracias por darle palabras a las ideas que nos rondan como animales locos en la cabeza.

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