Lo imposible se puede volver posible

Lo imposible

La diferencia estuvo desde siempre. No la cree, ni la pedí. Nací con ella. Para mí no era un problema. No existían las etiquetas, ni los prejuicios. El problema llegó cuando los demás no la vieron normal. Los adultos comenzaron a señalar lo que les habían enseñado que no estaba bien. Siempre es así, los prejuicios se inventan y se enseñan, no se nace con ellos.

Poco a poco fui conociendo algunas de las caras de la represión. Las miradas de desaprobación, las críticas, las burlas, los golpes, los condicionamientos del amor, los discursos escritos en libros sagrados, la culpa, la vergüenza. Ahí comenzó el dolor. Nadie me explicaba nada. Sólo señalaban y desaprobaban.

La soledad se fue instalando como fiel compañera. Aprendí a callar, a no quejarme. Te enseñan que mereces los comentarios negativos, los insultos, los golpes. Cada mañana esperas que pase y deseas que sea diferente. Te cuestionas cada sensación, cada pensamiento. Te aborreces, te desagradas, te lastimas.

Te duele lastimar a otros. Sientes que defraudas a tus padres, que jamás cumplirás sus expectativas, ni aceptarán lo que eres. Y tratas de ocultarlo a todas costa, pero en sus ojos se ve el reflejo de su tristeza y su enojo. No lo entiendes. No pediste ser así, ni se te ocurrió una mañana levantarte y decir quiero probar lo distinto y restregarlo en la cara. Te duele pensar que no compartirán tu vida, ni se alegrarán por tus amores, al contrario, será una vergüenza que debe ocultarse.

Al final te cansas de fingir. Te cansas de esa lucha interna que lleva años queriendo paz. Sabes que por más que quieras no puedes cambiar, es imposible. Necesitas hablarlo y así, en una llamada de madrugada, se lo confiesas a la primera persona. Estás temblando. Pero te dice que está bien, que no cambia nada, sigues siendo la misma persona. Y la amistad se hace más profunda.

Comienza la libertad. Respiras. Ya no hay marcha atrás.

Buscas que alguien de tu familia te apoye. Le cuentas lo que eres y piensas que dejará de quererte. Pasan unos días de silencio y cuando te ve, te trata igual que siempre. Te sorprende. Llevas años creyendo que el buen trato no es para ti. Aquí encuentras apoyo. Ahora faltan tus padres…

Después de pensarlo mucho, te decides. Sabes que dolerá, pero necesitas que sepan quién eres. Juntas el valor que no sabías que tenías. Escribes una carta confesándolo todo y te vas. No puedes verlos a la cara. Sabes que jamás te aceptarán y es mejor irte a descubrirte, a reconstruirte y a evitarles la incomodidad de verte crecer, amar y ser feliz a tu manera.

 

Lo posible

Los días pasan lento. Tus padres te buscan y niegan lo que eres. No piensas volver. No puedes dar un paso atrás. La libertad comenzó y si la elegiste, ahora te toca defenderla. Cuatro días después se ven. El dolor en su cara te incomoda. Les dolió que te hayas ido, quizá más que confirmar lo que eres. Regresas a casa. Nada es igual. Cuando se caen las máscaras y ya sin el peso de los secretos, te sientes más ligero. Ya no hay nada que ocultar.

Ahora empieza el camino de vuelta a ti. Ellos tendrán su proceso. Nadie les enseñó a ser padres y mucho menos les hablaron de las cláusulas de la diferencia, ni conocían el apartado de los “hijos diferentes”. Tu hermana siempre ha estado ahí. Te apoya. Se siente orgullosa de ti. Y esos apoyos se vuelven invaluables para tu reconstrucción.

Comienzan las nuevas etapas. La universidad. Los amores. La primera vez que besas a alguien. La primera vez que caminas de la mano de alguien. Y esperas algún día encontrar ese amor para compartir la vida. Algún día esperas que tus padres estén ahí.

El tiempo pasa. Comienzas a leer, a cuestionar. Comienzas a escribir para gritar, para vaciarte. Les escribes a tus padres lo que no puedes decirles. Les das información. Les haces ver que no has cambiado. A ellos les cuesta. Pero están ahí con el corazón abierto.

El movimiento que empezaste no puede parar. Todo se transforma. Comienzas a ir a terapia, para  conocerte, para que deje de doler, para que puedas amarte. Va llegando una serenidad que no conocías y te gusta. Te reconcilias contigo, con tu pasado y construyes una vida a tu medida. Tus padres lo notan y un día, ellos deciden ir. Te sorprende. Te emociona. Su amor es más grande que sus prejuicios.

Lo imposible, se vuelve posible. Te aceptan y el amor gana. Los prejuicios se caen y puedes descubrir que el resultado del valor es la esperanza del amor y la libertad.

Autor: Luis Miguel Tapia Bernal

Terapeuta en Constelaciones Familiares. Máster en Terapia Breve Estratégica.

 

 

One Response to “Lo imposible se puede volver posible”

  1. JOSE LUIS LARA LARA

    Excelente… Es un viaje en el tiempo a través del corazón, porque gana el amor al final… Aunque el camino está lleno de espinas… Estas son para ser valientes y cada vez mas fuertes.

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